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Pasear la ciudad histórica, por la noche

 

Las noches tienen una luz especial en las calles de la ciudad histórica. La iluminación amarilla, nostálgica, cuidada, embellece con sutileza los monumentos, suavizando las aristas y contribuyendo a la atmósfera atemporal de Santiago.

Merece la pena dejarse llevar por sus calles, y encontrarse con espectáculos improvisados en la plaza de Praterías, o con artistas ambulantes en la plaza de A Quintana... O con el saxofonista del Obradoiro, que con su melodía acentúa la sensación de irrealidad y de ingravidez de la plaza... O los músicos del arco del Pazo de Xelmírez, donde hay una acústica perfecta, profunda, resonante, que invita a sentarse en el anfiteatro ocasional que son sus escaleras... O la Tuna Universitaria, presente casi todas las noches en los soportales del Pazo de Raxoi y, los fines de semana de invierno y diariamente durante el verano, en la rúa Franco y alrededores, y también en San Paio de Antealtares, trasladando con sus melodías a la ciudad, por un momento, a su mítico pasado: ‘Triste y sola / sola se queda Fonseca. / Triste y llorosa / queda la Universidad...’

En Compostela hay habitantes sempiternos, que sólo viven durante la noche, como el peregrino de la Quintana, cuya sombra aparece como resultado de la proyección de la toma de tierra del pararrayos de la catedral en el ángulo de la Berenguela con la Puerta Santa.

Es muy recomendable quedarse un rato en la Quintana y observar a los que la cruzan mientras vienen y van, y escuchar las campanas de la catedral, que marcan el ritmo de los cuartos de hora de la noche. Sentado en las escaleras, o en el banco corrido de la fachada del monasterio de San Paio de Antealtares, o en una de las terrazas de los cafés, uno comprueba que es cierto que la serenidad y la habitabilidad son las características inequívocas de las ciudades históricas.

El perfil de la ciudad desde el paseo da Ferradura, con la catedral sobresaliendo de la masa de edificios en la noche... o la vista opuesta, desde el parque de Belvís, que abarca todo el sureste de la ciudad, donde uno puede imaginarse la vida doméstica de sus habitantes a través de las luces que se encienden y se apagan... Desde esa distancia todo es amable, fácil de comprender... Es una visión cinematográfica de la ciudad.

Estas, y muchas más, son imágenes callejeras, no programadas, que merecen un paseo, y que ayudan a comprender no sólo la monumentalidad, sino también la vida diaria en Santiago de Compostela.

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