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Albergues

Durante los primeros años del renacer de las peregrinaciones – en la década de los 80- no existía la red de albergues de peregrinos actual, por lo que los caminantes eran acogidos en parroquias, lugares públicos y casas municipales . La aparición de los Hospitaleros Voluntarios en los años 90, gracias a la iniciativa de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, dotó de personal ad honorem a los espacios que los gobiernos locales y otras instituciones comenzaban a acondicionar para atender a los peregrinos de forma completamente gratuita. Se recuperó así la figura del antiguo hospitalero medieval, casi siempre peregrino experimentado, que mantiene las instalaciones y atiende el albergue.

A partir del año Santo de 1993 se multiplicaron los albergues institucionales y privados, por lo que a los albergues completamente gratuitos se sumaron otros con una pequeña cuota o donativo fijo que contribuyen a suplir los gastos de limpieza, mantenimiento y servicios. Esa cuota es la actualidad de entre 3 y 6 euros.

Lógicamente, los albergues no admiten reservas: se aloja el peregrino que primero llega, con prioridad para los caminantes, personas con diversidad funcional, los peregrinos de a caballo y los que viajan en bicicleta, por ese orden. Estos últimos deben preferir los albergues con mayor número de plazas. En ellos deben respetarse las normas internas, los horarios, la higiene, el derecho al descanso y el espíritu de convivencia.

Una opción a los albergues son los alojamientos hoteleros privados, preferidos por los grupos organizados cuando son numerosos o cuando desean hacer pausas en el camino para visitar monumentos o descansar.

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