Esta exposición de Alberto Ardid es, según el propio autor, un ejercicio visual y tangible que trata sobre las relaciones entre lo humano y lo material. En este caso, la pieza artística como bien de consumo. En muchas de ellas, el acabado industrial refuerza el salto del factor cualitativo en el que se basa el arte, al cuantitativo, a lo seriado, al simple producto. Sin embargo, la pintura como mercancía colgada en la pared conserva todavía sus últimos vestigios de artisticidad.