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La ciudad y los milagros

Published on 04/12/2010 16:44

“Compostela no está hecha, está viva, y aunque quisieran embalsamarla como cadáver con verjas y funcionarios públicos que cobrasen la entrada a sus calles, no se podría evitar que el aire, y la flora espontánea, y la lluvia, la fuesen modificando cada día, sin que podamos prever cuál será su color dentro de treinta años, cuáles muros se habrán desmoronado y cuáles permanecerán erguidos y victoriosos”.

Gonzalo Torrente Ballester
'Compostela y su ángel'

Santiago de Compostela es un nombre que resuena en el mundo desde hace diez siglos por ser meta de una milenaria ruta de fe: el Camino de Santiago, que ha conducido a los peregrinos por viejas sendas continentales hasta el santuario de un apóstol de la Cristiandad. Desenterradas del polvo de los tiempos, las reliquias de Santiago serían las piedras inaugurales de una Catedral y de una ciudad que atraería las huellas de los caminantes hasta convertirse en un destino con el rastro y el eco de toda Europa. Pero si una imagen lleva hoy por delante la ciudad es la de su monumentalidad, que le valió ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 4 de diciembre de 1985, hace hoy 25 años.

El informe emitido en 1984 por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) a favor de la inclusión de Santiago de Compostela en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco no deja lugar a dudas:

"Por ser un extraordinario conjunto de monumentos agrupados alrededor de la tumba de Santiago El Mayor, y destino de todas las rutas de la mayor peregrinación de la Cristiandad entre los siglos XI y XVIII, Santiago de Compostela es sin duda alguna uno de los más indiscutibles bienes patrimoniales de la Humanidad. Esta ciudad, debido a su integridad monumental, reúne valores específicos y universales (...) en una urbe ideal que desborda a la vez Historia e intemporalidad.”

Y es que la de Santiago no es una historia que se guarde en archivos ocultos ni se custodie bajo llaves. Está a la vista, como decía Torrente Ballester, de todo el que sepa ver. El visitante sabrá reconocer a su paso la impronta de hechos y leyendas, e incluso la impronta de lo imaginado. En el brillante sistema de espacios públicos que ‘engarzan’ los monumentos de cualquier época con una riqueza de joyería, hay más que un juego estético de apariciones y ocultaciones, de realidad y escenografía, de luz y sombra, que hacen que cada incursión en la ciudad sea una invitación al descubrimiento. Hay, detrás, una vocación colectiva por alcanzar los ideales de equlibrio y belleza; un camino trazado para que cada generación perfeccione la historia precedente de inventar lenta y amorosamente la ciudad.

Hoy, en el siglo XXI, la prolongada tarea de composición urbana no se puede dar por terminada. La distinción de Patrimonio de la Humanidad recibida en 1985 no fue la señal para echar el cerrojo, sino el motivo para continuar imaginando la ciudad con la memoria, esto es, para seguir tirando del hilo de Ariadna dejado en el laberinto por los constructores de todos los tiempos, porque sólo él permite tejer, de forma creativa y con los recursos contemporáneos, el ideal de urbe gallega y universal.

Santiago seguirá siendo construida para que desde ella el diálogo con los ideales sea directo e inmediato. Nacer desde una tumba significó para Santiago de Compostela un valioso regalo: el de tener siempre conciencia de su destino. Levantada para servir con sus símbolos a los valores espirituales de Occidente, logró una meta aún más alta: terminar sirviendo al Hombre. Sirviendo a su vida terrena, a sus aspiraciones de belleza y armonía, a sus sueños de vida eterna: es decir, sirviendo a su felicidad.

Con todas estas cualidades, creemos que el mayor servicio que puede prestar hoy el patrimonio conservado en Compostela, el único capaz de apelar a todas las personas, será siempre el de la emoción. La belleza no es un concepto que valga si no provoca el amor por lo hallado: también el concepto de armonía debe poder pasar de la piedra al hombre, y de los ojos al corazón. Y debe ser añorado cuando no se tiene delante, para que merezca la pena volver a él. Ya lo decía Cunqueiro: “A Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro”.

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Tags: Old town World Heritage Emotion Ratings: 2
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